¿Cómo me pensaras ahora?


  ¿Cómo me pensaras ahora?
Ahora que el alcatraz cansado de esperar ha enflaquecido.
Y el jazmín, sin aroma, languidece de pie.
Tiempo ha que tus pisadas abandonaron mi jardín.

 ¿Cómo me pensaras ahora?
 Ahora que el rosal soporta las frías espinas clavadas, y la enredadera que un día te abrazaba, recorre las paredes desorientada.
 La fuente cansada se agrietó y gota a gota la vida se escapó.

 La estatua seráfica se secó al paso de los días.
 Sangre de piedra.
 Cara plomiza.
 Mirada muerta.
 El jardín calló. 
Los pájaros se silenciaron. 
Las magnolias palidecieron.

 En las noches calladas, cuando la luna extiende su manto mágico sobre el jardín, el tímido canto de un ave destruye el silencio.
La enredadera borda una sonata perfecta. 
Las rosas vivas olvidan su afilado castigo.
 Y los ojos vivos del ángel plomizo brillan encantados. 
Como cálidos diamantes.

Unánimes recuerdan que son jardín. 
Que eran jardín desde antes de su llegada.
Que son jardín después de su partida.
 Y la semilla que ella dejó, sigue floreciendo cada noche.

 Sin necesidad de su presencia.