Capítulo 3: A través de la ventana

Más allá de donde Eleanor comienza a experimentar diversas satisfacciones, está Jaime, quien busca lo que aun no conoce, pero que ha podido saborear en un pasado: el amor. 

Jaime vivía en un mundo plano.
Su mundo era una recámara cuadrada, ahí pintaba las paredes con círculos amarillos y azules. Pasaba el tiempo leyendo libros viejos. Girando por horas un globo terráqueo, como si pudiera aprender las coordenadas de todo. Y soñando, aunque no sabía lo que era soñar.
Un día, mientras pintaba una línea roja en la pared, descubrió un color nuevo: El color carecía de color, y Jaime pudo ver a través de la pared. Afuera una niña (¿o mujer?) vestida de blanco corría y reía, rodeada de mariposas de colores. Jaime salió.
Jaime la tomó de la mano y corrieron, por primera vez Jaime sintió la brisa fría del alba en el rostro. Vio la nieve de las montañas. Escuchó el canto de las aves. Y el olor de los alcatraces golpeo su nariz. Recorrieron juntos una playa, cruzaron miradas bajo una palmera, vieron crecer un jazmín al costado de un pequeño río. Arrancaron flores juntos.

Esa noche Jaime aprendió a jugar con las palabras, supo lo que era soñar y escribió su sueño. Jaime regresó otras veces a ese jardín mágico. Por las madrugadas miró auroras boreales. En los atardeceres contempló al sol esconderse. Muchas veces con ella, admiró la luna plateada y las estrellas. Viajaron por el mundo. 
Una mañana Jaime llegó y ella ya había cortado las flores, por la tarde fue a ver la puesta del sol y ella llegó cuando él ya se marchaba. A medianoche Jaime fue mirar la luna plateada y ella no llego. Ella no regreso más.
Transido de distancia, Jaime decidió regresar a su mundo cuadrado, borró el color invisible de la pared, volvió a leer los libros ya leídos. En su globo terráqueo, volvió a recorrer los lugares ya visitados. Vehemente, multiplicó las formas y los colores en las paredes. Jaime dejó de soñar. Olvidó soñar.
Pero a veces, mientras decora su habitación, al pasar por el punto donde una vez hubo un color transparente: se inclina y toca la pared, se sienta en el suelo, recuerda un vestido blanco, y juega con las palabras.  


Ilustraciones de Annett Medina